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PATAGONIA CHILENA
Puerto Natales: vida cotidiana entre
fiordo y estepa
El borde costero es el mejor lugar para empezar a ca-
minar. A un lado, el fiordo; al otro, casas bajas, hoteles
discretos y construcciones industriales que recuerdan
el pasado ovejero de la región. En el muelle, las embar-
caciones pequeñas salen al amanecer hacia los bancos
de pesca o hacia estancias escondidas en las orillas.
Más tarde, hacen su aparición los catamaranes turís-
ticos que navegarán por el seno de Última Esperanza
rumbo a los glaciares Balmaceda y Serrano.
Ese contraste resume bien la identidad de Puerto Nata-
les: puerto de trabajo y puerto de viajeros, ciudad que
vive de mirar al mar de muchas maneras.
El caminante descubre que la paleta de colores que desde
lejos parecía uniforme es, en realidad, una suma de ver-
des bajos, líquenes amarillos y matas rojizas que resisten
al viento. En las estancias cercanas, algunas abiertas al
turismo, la vida sigue girando alrededor de la ganadería y
del cuidado de la tierra.
Naturaleza cercana: la Patagonia
accesible
Lejos de los tópicos de aventura extrema, el entorno in-
mediato de Puerto Natales permite rutas de naturaleza
accesibles. A pocos kilómetros, las colinas suaves ofre-
cen miradores sobre la ciudad y el fiordo; basta seguir
senderos sencillos para encontrar lagunas pequeñas
donde anidan aves acuáticas o cañadas por las que se
asoman zorros y, con suerte, algún guanaco.
Al caer la tarde, cuando el viento afloja, se encienden las
cocinas de leña y la mesa se llena de pan amasado, sopas
calientes y cordero magallánico. Es en estas conversacio-
nes —historias de inviernos duros, de veranos en los que
casi no se pone el sol, de familias que han permanecido
décadas en la misma tierra— donde el viajero comprende
que la Patagonia no es solo un paisaje imponente, sino un
modo de vida.
Rumbo al hielo: navegación por el seno de
Última Esperanza
Si la tierra enseña paciencia, el mar y los fiordos enseñan
escala. La jornada de navegación hacia los glaciares Bal-
maceda y Serrano empieza temprano, con restos de niebla
sobre el agua. El barco se interna en el seno de Última
Esperanza rumbo al Parque Nacional Bernardo O’Hig-
gins, el área protegida más extensa de Chile en esta zona,
accesible únicamente por vía marítima.
Vista de Puerto Natales
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