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PATAGONIA CHILENA
Glaciar Serrano
Al final del camino, el glaciar Serrano se eleva como una
pared irregular de tonos blancos y azules frente a una
laguna con pequeños bloques desprendidos. Allí el via-
jero comprende que los glaciares no son estáticos: se
mueven, crujen, respiran.
De vuelta al barco, la tripulación suele compartir un pe-
queño brindis con hielo local. Más que una curiosidad,
es un recordatorio de que aquí el hielo forma parte de la
vida del fiordo. La navegación de regreso permite obser-
var cómo cambia la luz sobre la roca y cómo el viento
altera el color del agua en cuestión de minutos.
Puerto Bories: memoria industrial
frente al fiordo
A apenas cinco kilómetros de Puerto Natales se encuen-
tra Puerto Bories, un conjunto que conserva la arquitec-
tura industrial del antiguo frigorífico Bories, construido
en las primeras décadas del siglo XX. Desde aquí par-
tían hacia Europa toneladas de carne y lana que definie-
ron durante décadas la economía regional.
Chimeneas de ladrillo, grandes naves y antiguas salas
de máquinas permanecen como testimonio de esa eta-
pa fundacional, hoy combinada con usos turísticos que
han permitido conservar y rehabilitar el complejo sin
borrar su identidad. Pasear entre sus edificios es un
viaje breve pero intenso a la Patagonia que se cons-
truyó gracias a las estancias y al trabajo duro en un
territorio extremo.
Gentes del sur: voces que sostienen
el paisaje
En la Patagonia chilena, el gaucho —conocido tam-
bién como baqueano, arriero u ovejero— representa
una forma de vida forjada en uno de los territorios más
exigentes del sur de Chile. Su presencia se consolidó
a finales del siglo XIX y comienzos del XX, ligada a
la colonización ganadera de Aysén y Magallanes. El
trabajo a caballo, el cuidado de ganado ovino y bovino
y las largas jornadas en estancias aisladas marcaron
su existencia cotidiana. El clima extremo y las grandes
distancias dieron forma a un carácter austero, resisten-
te y autosuficiente. Entre sus costumbres destacan el
mate compartido, la cocina al fuego y una vestimenta
pensada para protegerse del viento y el frío. Su profun-
do conocimiento del paisaje, la lectura del tiempo y el
respeto por la palabra dada constituyen sus principales
enseñanzas. Más allá del oficio, el gaucho patagónico
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