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Es una gastronomía que empieza an-
tes del plato y que se construye en la
relación directa con el productor y el
tendero, en una lógica de proximidad
que sigue vigente.
A pocos metros, el aroma del pan
marca la siguiente parada. Panade-
rías y pastelerías mantienen elabora-
ciones que forman parte del desayu-
no diario y de la memoria colectiva de
la ciudad: aceitadas, rebojos, cañas
zamoranas. Dulces sencillos, ligados
al horno y al obrador, que no buscan
sofisticación ni sorpresa, pero que ex-
plican mejor que ningún relato la con-
tinuidad de una tradición viva. Aquí el
dulce no es celebración excepcional,
sino acompañamiento cotidiano, liga-
do al café, a la conversación y al rit-
mo pausado de la mañana.
Desde el entorno del mercado, el re-
corrido se adentra en el casco antiguo.
Calles estrechas, plazas recogidas y la
presencia constante de la piedra romá-
nica sirven de escenario a una de las
zonas gastronómicas más reconoci-
bles de la ciudad.
Entre la Plaza Mayor, la Rúa de los
Francos y el entorno de Los Herreros,
Terrazas en las aceñas del duero
DESTINOS GASTRONÓMICOS
Zamora muestra su cara más popu-
lar y reconocible: barras con historia,
tabernas de siempre y restaurantes
donde la cocina tradicional sigue
ocupando el centro del relato.
Aquí la tapa no es una moda impor-
tada ni un gesto contemporáneo,
sino una forma natural de comer
que forma parte del pulso diario de
la ciudad. Pequeñas raciones que
invitan a probar, compartir y alargar
la conversación. En muchas barras
aparece el bacalao a la tranca, plato
austero y rotundo, heredero directo
de la cocina de vigilia y de la impor-
tancia histórica del pescado en una
ciudad sin mar. Convive con sopas
de ajo, tortillas, guisos y especiali-
dades que se repiten desde hace
décadas sin necesidad de retoques
ni lecturas estéticas.
En los restaurantes, la carta habla el
idioma del territorio. Mandan los pla-
tos de cuchara y las legumbres con
denominación de origen —garban-
zos de Fuentesaúco o lentejas de
Tierra de Campos— que dan cuerpo
a guisos reposados, hondos y reco-
nocibles. Las sopas de ajo, sencillas
y humildes, ocupan un lugar central:
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