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TERRITORIO OBARENES (BURGOS)
Museo Histórico de las Merindades (Alcazar de los Condestables) en Medina de Pomar
Frías: la ciudad mínima sobre el Ebro
La “ciudad” de Frías se encarama a una peña que domina el valle de Tobalina
y el Ebro. El conjunto es una de las estampas más reconocibles de Castilla: el
castillo roquero coronando la roca (Castillo de los Velasco), el caserío adaptán-
dose al perfil de la ladera, las casas colgadas asomándose al vacío, la Iglesia
de San Vicente Mártir, la muralla y, abajo, el puente medieval que salva el río
con sus arcos desiguales y su torre defensiva en el centro.
El casco histórico, de calles estrechas y empinadas, conserva el sabor de villa
de frontera. Las viviendas de entramado, las pequeñas plazas y los miradores
hacia el valle recuerdan un tiempo en que el control de este paso era estratégi-
co. Al caer la tarde, cuando el sol se esconde detrás de los Obarenes y la roca
se tiñe de tonos dorados y malvas, la ciudad parece emerger del propio relieve,
como si hubiera ido creciendo, lentamente, desde la piedra hacia el cielo. Frías
forma parte de la Asociación “Los Pueblos Más Bonitos de España”.
Vista de Frías
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Medina de Pomar:
merindad en piedra
En el extremo occidental del te-
rritorio se alza Medina de Pomar,
puerta natural de Las Merinda-
des. Sobre la ciudad domina el
Alcázar de los Condestables, una
fortaleza de volúmenes rotundos
que hoy alberga el Museo Histó-
rico de Las Merindades. Entrar
en sus salas es leer, en clave
museográfica, la historia del norte
burgalés: desde la organización
medieval en merindades hasta
las formas de vida campesina, la
arquitectura tradicional o las rutas
del comercio.
El casco histórico conserva el tra-
zado de la villa amurallada, con
calles que suben hacia la fortale-
za y se asoman, como miradores,
sobre el río. En la parte alta, en-
cajada en el recinto defensivo, se
encuentra la iglesia parroquial de
Santa Cruz, templo que combina
elementos de transición al gótico
con restos románicos y una silue-
ta compacta, de pocas aperturas,
que recuerda el carácter fortificado
de la villa. Pasear por estas calle-
jas es percibir todavía la jerarquía
medieval: las casas nobles en las
zonas altas, los barrios artesanos
y comerciales hacia las puertas, y,
más allá, los puentes que conec-
tan con los arrabales.

