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AÑO NUEVO CHINO EN TOULOUSE
Las rosadas calles de Toulouse Por siempre, Toulouse.
Como ya he comentado, había estado anteriormente en
Toulouse ; una ciudad cosmopolita y variopinta que tiene
mucho que ofrecer. Había visitado la fábrica del Airbus,
la Ciudad del Espacio, e incluso me había metido, a pe-
sar de mi claustrofobia, en la capsula Soyouz, siempre
con la mano sujetando le ventana de ojo de buey, no se
fuera a cerrar. Hasta había trasteado en La Mucca, una
papelería de la que te llevarías todo, y donde se encuen-
tran fascinantes carteles de la época pionera del Aero-
postal en Toulouse. Me fascinaba la historia del Aero
Postal, especialmente la de uno de sus pilotos, el céle-
bre escritor Antoine de Saint-Exupér y quien se alojaba
en una habitación del Hotel Le Grand Balcon que per-
manece igual que cuando su huésped escribió El Princi-
pito. Libro que he leído repetidas veces, y cuantos más
años tengo, más lo entiendo y me gusta ¡Languidezco
ante la flor por la que se desvive el Principito! Frágil,
hermosa, símbolo del amor, y oriunda, al igual que su
príncipe, del Asteroide B_612. Reflexionando sobre la
figura de Saint-Exupéry, al borde las aguas rivereñas, se
me ocurrió pensar, trasladándole la curiosa ocurrencia
a mi compañera, el cómo sería si en aquel momento,
oscuro, lluvioso, hechicero, viéramos aparecer entre la
niebla al Minotauro de 47 toneladas y 14 metros de altu-
ra. A ese autómata de madera y acero, medio máquina,
medio animal, medio monstruo, medio ángel, creado por
la compañía Halle de la Machine bajo la dirección de
François Delarozière. No cabe duda de que supondría
una aparición fantasmagórica, difícil de olvidar.
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Emergiendo del Soyouz en la Ciudad del Espacio
El famoso Minotauro de Halle de la Machine

































































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