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TURISMO DE NATURALEZA
TrekkingCamp
Himmelsterrassen:
Para quienes buscan na-
turaleza y aventura, este
campamento-glamping
resulta muy atractivo:
inmerso en bosque, con
acceso a senderos y con-
tacto directo con la Selva
Negra profunda.
TrekkinCamp, Terrazas elevadas para acampar
Cada lugar ofrece una forma distin-
ta de comprender el bosque: desde
una cabaña cálida tras un día de
caminatas, hasta una noche bajo
tienda o carro de pastor (Shepher-
d´s Hut) con la quietud del aire y el
susurro de los árboles. Esa varie-
dad convierte a la Selva Negra en
un mosaico de experiencias, ideal
para viajeros curiosos, familias, pa-
rejas o buscadores de paz.
Naturaleza viva: bosque,
montaña, agua y silencio
Elegir un glamping o cabaña en la
Selva Negra es apostar por la na-
turaleza en sentido auténtico. Esta
región alberga un Parque Nacional
que permite disfrutar de bosques
antiguos, uno de los pocos rincones
de Europa donde la madera crece
sin intervención humana desde hace
décadas.
Para quien se adentra en sus sende-
ros: hay rutas suaves, caminatas mo-
deradas, paseos en bicicleta; y para
los más inquietos, montañas como el
Feldberg que con sus panorámicas
ofrecen un punto de vista inigualable.
Lagos, ríos, cascadas y barrancos
perfilan un paisaje que cambia con la
estación: en verano, el verde de los
abetos y la sombra; en otoño, el mur-
mullo de hojas secas bajo los pies; en
invierno, la nieve que transforma los
pinares en un reino silencioso. A la ma-
ñana, el canto furtivo de un urogallo;
por la noche, un cielo limpio sin con-
taminación lumínica. Esa naturaleza
viva —plena y salvaje— se convierte
en parte integral de la estancia.
Turismo rural, tradición
viva y hospitalidad
con alma
La Selva Negra no es solo bosques:
es también pueblos con casas tradi-
cionales de madera, granjas, aldeas
donde el tiempo parece haberse de-
tenido. En su red rural conviven arte-
sanos, viejas tradiciones—del vidrio,
de la carpintería, de la relojería—y
una vida pausada, alejada del ruido
de las grandes ciudades. A propósito
de los artesanos de La Selva Negra;
los relojes de cuco se originaron en
La Selva Negra en el siglo XVIII, a
partir de una tradición de talladores
de madera que comenzaron a cons-
truir relojes con engranajes de made-
ra para complementar sus ingresos,
creando un sonido de “cucú” con fue-
lles para marcar las horas que imita-
ba el sonido de los cucos.
Quien se aloja en un glamping o
cabaña tiene la oportunidad de su-
mergirse en ese ritmo. Al despertar,
puede caminar entre árboles, visi-
tar mercados locales, recorrer sen-
deros, descubrir cascadas, lagos,
miradores… y regresar al refugio
con la sencillez de la naturaleza
adherida a la piel.
Seelbach Schwarzwald Iglú con vistas panorámicas © Nomady AG
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